Un Obispo Extraordinariamente Humilde

En diciembre de 2012, como dos horas después de que el antiguo Nuncio Papal en los Estados Unidos, el Arzobispo Carlo Maria Vigano, me informara que el Santo Padre Papa Benedicto me había trasladado de la Arquidiócesis de Nueva York a la Diócesis de Camden, recibí una llamada telefónica del Obispo Galante. No conocía al obispo; nunca lo había visto. Contesté el teléfono y él me saludó: “Hermano, bienvenido, bienvenido, bienvenido. ¡Como dicen sus parientes Irlandeses, Céad Mille Fáilte, cien mil bienvenidas a la Diócesis de Camden! Rezaré por usted todos los días y espero conocerlo personalmente. Nuestro personal diocesano trabajará con usted para organizar su instalación como el octavo obispo de Camden.”

Sus palabras sinceras me tranquilizaron. A princi-pios de enero de 2013, el día del anuncio público de mi instalación en Camden cuando llegué a la oficina diocesana, me saludó con un gran abrazo de oso y una vez más con garantías de sus oraciones por mí y mi ministerio episcopal y la plena cooperación del personal diocesano. Antes de mi instalación en febrero como el octavo obispo de Camden, planificó un tiempo privado conmigo durante el cual me informó sobre la vida pastoral de la diócesis, su realidad financiera y la situación administrativa de la cancillería. Me aseguró que “se apartaría de mi camino”, dijo, para que yo pudiera pastorear la diócesis sin ninguna interferencia de él.

El Obispo Galante “se apartó de mi camino”, pero no le permití que se mantuviera lejos. A lo largo de los años, busqué su sabio consejo sobre una variedad de temas que la diócesis ha enfrentado y continuamente le pedí sus oraciones por mí y por la diócesis. Con gran humildad, me respondió que cuando él estaba en diálisis rezaba un rosario por la iglesia de Camden y su obispo. Disfruté de su compañía tanto en mi residencia como en su hogar y me encantó escuchar sus historias de una vida en la iglesia que lo llevó de Filadelfia a Roma, de Texas a Nueva Jersey; de trabajo parroquial; a estudios de posgrado en Teología; a un doctorado en Derecho Canónico; a dar clases en el seminario; a las oficinas diocesanas en Filadelfia; a una asignación en el Vaticano en la Congregación para Religiosos; y, al ministerio episcopal en las diócesis de San Antonio, Beaumont y Dallas, todas en el Estado de la Estrella Solitaria.

El Padre Terry Odien, en su excelente homilía en la Misa de funeral cristiano para el Obispo Galante, lo describió adecuadamente como “muy sencillo” para demostrar lo accesible y sumamente humano que era. No había “aires de grandeza” en él. Estoy de acuerdo, pero añadiría a la descripción del Padre Odien que el obispo era extraordinariamente humilde. En su estilo extraordinariamente humilde, hizo que la gente se sintiera cómoda en su presencia. En su estilo extraordinariamente humilde, él sirvió a Dios y a la Iglesia como sacerdote y obispo, y lo hizo extraordinariamente bien.

En Semana Santa, el obispo estaba molesto porque su enfermedad le impidió concelebrar y estar presente en la Misa Crismal y en la comida que siguió después para compartir con los sacerdotes y diáconos de la diócesis. Dijo que la Misa Crismal era su liturgia favorita. En esa Misa, los sacerdotes renuevan sus promesas de ordenación y el obispo pide oraciones por su ministerio episcopal. Promesas que Joseph Anthony Galante cumplió fielmente durante sus 55 años como sacerdote y obispo. Oraciones que él dijo que necesitaba y que acogía.

Descansa en una paz bien merecida, Excelencia. Bien hecho, buen y fiel servidor. Ora por esta iglesia local que pastoreaste y amaste y reza por mí su obispo, quien extrañará tu amistad y tu sabio consejo.

Invito a todos los que están leyendo esta columna a orar por nuestro amado obispo emérito: Descanso eterno concédele Señor, y que brille para él la luz perpetua. Que descanse en paz. Amén. Que su alma y las almas de los fieles difuntos descansen en paz. Amén.

Most Reverend Dennis J. Sullivan, D.D.
Obispo de Camden