Los guardias lo abuchearon y le gritaron “!Camina!” al mismo tiempo que golpeaban la cruz con sogas hechas nudo. Los dos ladrones, con sus manos atadas a los pesados postes a sus espaldas, caminaban fatigosamente atrás de él. Detrás de ellos, iban las mujeres: una María llena de dolor y Verónica; y a la cabeza de todo esto, Jesús, con la corona de espinas en su cabeza, tropezando con su carga a cuestas.
Cuando la estación describe a Jesús cayendo por vez primera, la procesión se detiene y un último latigazo de los guardias hace caer a Jesús de rodillas sobre el asfalto del camino que atraviesa el pueblo. Se tira al piso a los gritos de los guardias. Al momento que un pasaje de las Escrituras es leído y un Padre Nuestro es rezado, algunos de los ahí presentes están de rodillas, a pesar de la lluvia.
Cuando la columna comienza su camino otra vez, un guitarrista los guía en el refrán: “Perdona a tu pueblo, Señor.”
Es una escena que tuvo lugar a través del mundo de habla hispana el Viernes Santo, una parte tradicional de la cultura Católica en muchos países de Latinoamérica. El pasado Viernes Santo, la Parroquia de San Damián en Ocean City, trajo esta tradición a New Jersey.
Durante los últimos cuatro años, la parroquia ha presentado esta detallada producción de “El Camino de la Cruz”, con actores disfrazados representando las 14 estaciones durante una procesión de casi una milla de larga. La caminata comienza con Pilato condenando a Jesús a muerte en los escalones de una de las iglesias de la parroquia, y termina 10 cuadras después en el estacionamiento de otra iglesia, que ha sido ya transformada en el Monte Calvario.
Para Aurelio Calderón, originario de México y quien fungió como maestro de ceremonias de la procesión, la tradición es profundamente espiritual, así como también un evento cultural.
“En nuestro país, es una tradición el acompañar a Jesús en su pasión y muerte, para recordar lo que el sufrió, para darle sentido a nuestra espiritualidad, para conocerlo como un Dios verdadero y un hombre verdadero.”
La gran comunidad Hispana de la parroquia se da cita cada año para reforzar el “Vía Crucis,” que predominantemente es cantado y rezado en Español. Pero muchos miembros de la comunidad que sólo hablan inglés también se unen a tan solemne ocasión.
“Le da fuerza a la comunidad entera,” expresó Bill Flynn sobre la integración de los dos grupos, inglés e hispano parlantes en la parroquia. Él es el Caballero Mayor del concilio de los Caballeros de Colón de la parroquia. En los últimos dos años, dijo, se han inducido 30 nuevos miembros Hispanos.
“La comunidad Anglo me dice que la sangre nueva es estupenda para el concilio,” dijo el Padre Álvaro Díaz, un sacerdote de habla hispana de la parroquia. Él habla con orgullo del modo como las dos comunidades se integran a través de eventos tanto sociales como espirituales. Les hace una seña a la comunidad congregada en el estacionamiento de la iglesia después de la procesión. “Nuestra integración aquí es una integración viva, es una manera de vivir.”
Otras procesiones en vivo similares a ésta tuvieron lugar el Viernes Santo en muchas otras comunidades Hispanas alrededor de la Diócesis de Camden.
Roberto Bautista, quien ha sido miembro de los Caballeros de Colón durante tres años, tuvo a su cargo por primera vez el papel de guardia en la procesión de este año. Explicó que al principio, lo vio como una manera divertida de participar. Pero a la vez que caminó al lado de Jesús, la experiencia se hizo más profunda, tanto que casi le arrancó las lágrimas.
“Muchas cosas me vinieron a la mente mientras caminaba.” expresó. “Nosotros le hicimos esto a él; él hizo todo esto por nosotros. No sé cómo explicarlo.”
Sonia Alparado caminó junto a sus hijos adolescentes. Ella recuerda la tradición desde su país de origen, El Salvador. Pero para ella, El Camino de la Cruz significa más que algo de nostalgia:
“Es un recuerdo de mi país, pero más que nada, estoy recordando el sacrificio de mi Dios.”
Written by Joanna Gardner for the Catholic Star Herald
Foto by Alan Dumoff

