Nuestra iglesia es una iglesia de inmigrantes

Esta noche honoramos a dos Santos. Dos Apóstoles del Señor, los Santos Felipe y Santiago. Oramos a ellos en la comunión de los santos y por nuestros esfuerzos, nuestra caridad, nuestras vidas, continuamos sus trabajos. En la misa ofrecemos oraciones de acción de gracias y oraciones de petición a Dios. En esta Misa damos gracias a Dios por el don de nuestra fe Cristiana transmitida por la predicación de los apóstoles de Jesucristo, de los cuales dos son honorados hoy, 3 de mayo, los Apóstoles, los Santos Felipe y Santiago. En esta Misa nuestra petición al Señor-lo que buscamos- es que nuestro Congreso apruebe la legislación de inmigración que está delante de ellos.


Hermanas y hermanos, demos gracias a Dios por el don de la fe y pidamos la intercesión de Dios para esta necesaria reforma de nuestro fracturado sistema de inmigración. Nuestro Dios nos enseña a acoger al extranjero, a cuidar por los más pequeños entre nosotros, a amarnos unos a otros, y que somos los guardianes de nuestros hermanos y hermanas. Esas enseñanzas dadas por Dios dirigen nuestra petición a favor de los inmigrantes.


Los Apóstoles Felipe y Santiago estaban entre el grupo original al que Jesús invita a seguirlo. Ellos estuvieron presentes cuando nació la iglesia en Pentecostés. Fueron enviados al mundo para proclamar la Buena Nueva; para anunciar la llegada del Reino de Dios en Jesucristo. Al igual que los Apóstoles, también nosotros somos enviados por Cristo a predicar la Buena Nueva. Como ellos buscamos hacer presente las Leyes de Dios en nuestro mundo. La misión que nuestro Cristo nos dio y nuestro deseo de que venga Su Reino nos impulsa a buscar los cambios necesarios en el actual sistema de inmigración. Hemos escuchado, de primera mano, las inquietantes historias de nuestros hermanos y hermanas inmigrantes que vienen a nuestras parroquias, instituciones de servicios sociales, escuelas católicas y programas de educación religiosa.

Ellos nos cuentan de sus difíciles experiencias tratando de regularizar su estatus migratorio; comparten con nosotros sus historias sobre sus familias divididas cuando uno de ellos es enviado de regreso al país de origen por no tener la documentación correcta; escuchamos acerca de sus dificultades para obtener las licencias de conducir y los jóvenes que no pueden continuar su educación; o la tristeza de no poder estar con la familia en sus países de origen en los momentos de la muerte; conocemos sus luchas con los contratos de trabajo. El sistema está fracturado, no está funcionando. Ahora hay una oportunidad de arreglarlo. Al arreglarlo ayudamos a la venida del Reino de Dios entre nosotros y continuamos la tradición de los Apóstoles.


Los obispos de nuestra Iglesia en los Estados Unidos animan nuestros esfuerzos y nuestro apoyo a los inmigrantes. Nuestra iglesia es una iglesia de inmigrantes. Nuestra iglesia recibió su mandato de Jesucristo a través de sus Apóstoles que fueron enviados a predicar “el camino, la verdad y la vida” de Jesucristo.

Sin embargo, Su camino no puede ser seguido por aquellos que temen presentarse en el sector público, quienes andan en las sombras. Su verdad no puede ser dicha por aquellos cuya situación les obliga a mentir. Su vida se ve amenazada cuando la vida humana no se puede vivir con la dignidad dada por Dios.


Creemos que Cristo el Señor murió y resucitó por nosotros, para nuestro beneficio. Nuestra fe en Él nos impulsa a dar testimonio en este ámbito de la reforma migratoria. Una reforma que nos dé leyes migratorias que sean aplicables. Una reforma para asegurar nuestras fronteras. Un camino claro a la ciudadanía para nuestros hermanos y hermanas inmigrantes que quieren obedecer nuestras leyes y que respetan todos lo que esta nación ofrece como la tierra de los libres y el hogar de los inmigrantes valientes que quieren construir nuevas vidas para ellos y sus hijos.

Además de nuestro credo Cristiano tenemos un credo nacional. “Todos los hombres son creados iguales por Dios y dotados de derechos dados por Dios a la vida, libertad y la búsqueda de la felicidad.” Dios da los derechos, no el gobierno.


En nuestro país estos derechos no son accesibles para muchos. Debido a esto oramos que Dios ayude a nuestros representantes en el Congreso a mover la legislación hacia delante. El Apóstol Santiago, como reporta la primera lectura, fue constituido como un testigo de Cristo resucitado. Al igual que él damos testimonio de que Cristo vive- que Él ha resucitado. Él vive en nosotros y Él vive en nuestros inmigrantes cuyas vidas sufren a causa de este sistema roto. Oramos para que este mensaje de vida vaya a favor de ellos.


El Apóstol Felipe dijo a Jesús, “Muéstranos al Padre”. Que nuestro testimonio de Cristo muestre el amor y la misericordia del Padre a todos los que necesitan Su protección y cuidado. Como los Santos Felipe y Santiago llevaron a otros a Cristo, que nosotros podamos llevar a otros hacia Él.
Siempre hemos dado la bienvenida a los inmigrantes en nuestra nación. Damos la bienvenida y queremos a aquellos que obedecen nuestras leyes y respetan nuestra nación. A aquellos que van a contribuir con el bien común mediante el trabajo duro y el pago de impuestos. A aquellos que participarán en sus comunidades; a aquellos que criarán a sus familias para ser miembros participantes de nuestro país. A aquellos que vienen en búsqueda de la vida, la libertad y la felicidad. A aquellos que van a servir a nuestra nación en las Fuerzas Armadas. En su nombre, hacemos esta petición con una urgencia moral que impulsa nuestra oración y nuestras acciones para buscar un camino a la ciudadanía; que quiere la reunificación familiar, y un programa para trabajadores no especializados. Por mencionar algunos de los objetivos de una reforma migratoria integral. Nuestra riqueza como una Nación, como una iglesia, como la Diócesis de Camden, es nuestra herencia inmigrante. Buscamos preservarla y construir. 

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